Clipping: Entrevista a Andrea Jeftanovic

"Respecto a la crónica de viajes Destinos errantes, siempre se asocia que la crónica de viaje es casi un subformato periodístico. Lo asocias con elementos de ficción para buscar un cierto punto híbrido pero, al mismo tiempo, muy personal. ¿Cuál es el ejercicio que haces desde esa narración, desde el viaje objetivo, entre cruzada con la creación literaria desde la ficción?
El relato de viaje es un relato donde confluye todo. Esa visión como de muchas materialidades, es algo que me interesa mucho, y creo que en general he pensado en mislibros así, con materiales diversos, medios híbridos. El relato de viajes tiene todo; geografía, historia, antropología, apuntes del diario íntimo, tiene una mirada cultural, incluso paisajes, es bastante visual. Estaba con la idea de pensar un texto donde se camine, donde haya un desplazamiento, donde no sea fijo. Por eso el título Destinos errantes y que también, tiene que ver con algo que es una excusa, de pronto algunos viajes forzarlos a que se transformen en relatos de movilidad.
Me interesa mucho la digresión. Estamos entrenados en una narrativa que tiene que tener una trama y una progresión muy clara, que de pronto, me interesa la narrativa y la escritura como una forma de pensamiento, una forma de pensamiento digresivo y, se asemeja mucho al acto de caminar y esta idea de conectar cuerpo y mente. Justamente estamos tan disociados, supuestamente la mente no tiene nada que ver con el cuerpo. Algo sucede con la experiencia y con el conocimiento que se adquiere de otro modo cuando está el cuerpo involucrado.
Confieso que me interesó explorar la idea de una mujer caminando en el espacio público. Quise pensar eso. Quise cruzar fronteras de todo tipo, no solamente geográficas, cómo enfrentarme a temas que son ambivalentes, conflictivos y sin perder esa mirada intimista.
A pesar de lo que tú dices de una mujer recorriendo un espacio público, también hay un trabajo introspectivo, porque mucho de esos viajes y trayectos son para tratar de entender y componer una cierta identidad que es propiamente tuya, que tiene que ver con tus orígenes o tus gustos literarios…También es un viaje muy introspectivo…
Está este móvil universal de viajar a los orígenes y que estos pueden ser étnicos y culturales, pero también, son tu formación literaria. Esa lectura que has hecho a solas, de cómo te transformaste en lector y autor, para mi tenía que ver con esos distintos ejes. Como digo en el inicio del prólogo, como “viajar lejos para entender lo más íntimo” que es un ejercicio medio tramposo, de modo que estos viajes tan hacia afuera, tan lejanos en un punto, porque hay uno que ocurre en Santiago pero la mayoría de ellos ocurre lejos de Chile, lo que implica una experiencia de locación geográfica, de extrañamiento, pero justamente también ahí se puede posibilitar ese lugar de introspección, de verse con distancia, de verse desde afuera.
Me interesa mucho, he pensado en mi narrativa, el cruce entre la biografía y la historia, donde se mezcla lo más íntimo con los tiempos que te tocan vivir.
Tu trabajo se caracteriza por ser una especie de mezcla entre varios formatos. Está la investigación, la crónica, el cuento, la novela, pero al mismo tiempo tú eres lectora de poesía, que es una de tus primeras fascinaciones. ¿Cuál es el espacio que te define? y ¿Cómo entiendes tu trabajo y tu estilo que has ido desarrollando?
Me interesa y, de pronto, no de un modo tan deliberado, como un impulso por pensar distintas textualidades de los géneros. Por ejemplo, cuando hablabas de la poesía, es muy cierto, yo soy una lectora bien devota de Cesar Vallejos, me interesa mucho el giro lingüístico de Olga Orozco, de Blanca Varela, Mistral, Neruda, Huidobro, Zurita. Lo que tiene la poesía que me atrae mucho es la posibilidad de la condensación. En una imagen tú puedes reflejar el dolor, la inquietud, la angustia existencial. De pronto esa síntesis, esa condensación a través de una imagen visual es algo que me acomoda bastante, que me evoca mucho para poder escribir. Al mismo tiempo, tengo una formación diversa como todos y he intentado que todo eso sea un plus y no sentirlo aparte. Como que soy la Andrea ensayista o la autora que hace narrativa, por mucho tiempo lo llevé así y no era muy prolífico ni verdadero. Desde mi primera novela Escenario de Guerra está la mezcla del formato teatral de la escena, de la representación, de pensar las escenas como algo que se monta, en la novela El diario de viajes. Luego en Geografía de la lengua es una mezcla  de un ensayo de un amor en una época media global, de tensiones políticas y del género de la novela.
En los cuentos hay algo periodístico por la crónica roja, pero llevada a un lenguaje intimista, y el libro de Isidora Aguirre que es otro libro que mezcla muchas textualidades, donde me parece interesante que dialoguen esos distintos códigos y voces, porque está la entrevista, el testimonio, los diarios de vida, las palabras de otras personas. Me parece muy interesante como, de algún modo, esos distintos ritmos van ensamblando y generando una sintaxis, una poética extraña. Eso es lo que más me interesa en los personajes. Si uno logra, al menos, poder descubrir y registrar la sintaxis psíquica de tus personajes, de sus emociones, de qué los mueven, qué temen. En Destinos Errantes pensé en una sintaxis mía de qué significaban esos viajes a los orígenes, viajes a fronteras que te enfrentan a dilemas, junto con las noticias, con documentos históricos, geográficos, con pensar los mapas, soy bien viajera y patiperra y por eso creo que en los viajes está todo. Están los mapas que siempre son políticos y polémicos, las fronteras también. Están ahí desde que uno se despierta y pasa del sueño a la vigilia y uno siempre está atravesando fronteras donde manejan distintos códigos y distintas textualidades. Tenemos que siempre hacer un esfuerzo por esa transición, por ese paso de un momento a otro.
A ti te gusta mucho la poesía. ¿No has publicado poesía?
No. Le tengo muchísimo respeto a la poesía, creo que nunca voy a escribir. Lo más cercano que me puedo sentir a veces es que hago cierta prosa poética. Por lo que te comentaba anteriormente, me interesa la síntesis y también la belleza. El horror del mundo y de la historia, de algún modo puede tener un espacio de reflexión y lectura si está refugiado en el arte. En el arte de algún modo se sublima o se lleva hacia afuera, eso que nos inquieta y que nos duele. Ese poder estético que tiene el arte, creo que es importante y se logra a través de la poesía. Creo que nunca voy a estudiar o voy a escribir teatro, si bien veo mucho teatro y hago columnas de teatro, también es un arte que le tengo respeto. Sin embargo, le robo cosas a la poesía y al teatro.
Hablaste recién del horror, eso me lleva a pensar un poco de tus orígenes, un poco de tu construcción biográfica. La familia de origen ruso judía, pero también Serbio. Está la guerra de Los Balcanes, pero al mismo tiempo se entre cruzó con el horror o la historia de la violencia en Chile. ¿Cómo construyes una identidad literal o artística a partir de estos trazos biográficos que están tan marcados por la violencia?
Ha sido como el gran móvil de la escritura pensar en la violencia, en la memoria, la violencia en la historia. Cómo se puede escribir sobre estos escenarios, esa es una gran pregunta post Segunda Guerra Mundial o desde antes. Siempre hemos tenido una historia de la violencia, que ha sido la historia de la humanidad en algún punto. Como bien dices, mi biografía se puso en todas estas situaciones, entornos muy violentos, momentos pivótales de la historia. Vengo de padres inmigrantes que se vienen a Chile por la Segunda Guerra Mundial, escapándose, pese a que vienen de orígenes bien distintos. Mi padre, que es balcánico, de la ex Yugoslavia, y mi madre que es judía y que viene desde Bulgaria, pasando por Panamá. Ellos mismos portan esa memoria y, de algún modo, todos estamos vinculados con nuestros ancestros en un punto incluso medio simbólico e inconsciente.
Luego, yo creo que le sucedió a mucha gente en Argentina y Chile, que podría provenir de esos escenarios, se encuentran con la dictadura chilena y es sumamente traumático porque ese horror se repite, es una especie de pesadilla. del eterno retorno, del horror, del desastre, de la desaparición y es tan difícil ponerle palabras a eso. Todo el arte chileno se ha preguntado sobre eso, en documentales, muchas novelas, el cine, Patricio Guzmán, sobre todo con El botón de nácar. Yo hablaba en algunos artículos del concepto del agujero negro, todas las circunstancias históricas donde aparecen los narradores y deben narrar sobre eso que colapsa a partir de la violencia, cómo de algún modo, uno intenta rescatar ese material que generó un agujero negro, un vacío, que es algo difícil de comprender, de explicar, que implica desde cuerpos desaparecidos, implica tejidos sociales que se deconstruyen. De algún modo, uno busca ese material misterioso para poder entender una partícula de ese momento crítico, donde se cruza la violencia y la memoria y, de algún modo, todas las generaciones, en todos los contextos violentos, no solamente en Chile, en Latinoamérica, podríamos pensar en lo que ocurre con lo que pasa en el Medio Oriente, estamos intentando explicar o retener ese desastre. Me pasa que tengo la fe o pienso que.de algún modo, la literatura alberga los secretos de los pueblos. En Destinos Errantes aparece esa frase, y si uno piensa, desde Alemania, Austria, Brasil, siempre está esa pregunta por el desastre.
Hay una cosa que me interesa mucho, que es el teatro de lo absurdo, y creo que la gran obra del Siglo XX que cada vez que la leo me produce una cantidad de preguntas infinitas, es Esperando a Godot. De algún modo todos esperamos esa nada, ese agujero negro de cuando perdimos el sentido, cuando el lenguaje se transformó en algo sospechoso o que no daba cuenta de la experiencia humana. Ese estar en la vereda del camino, a la intemperie, como al lado de un árbol seco, ese es como un paisaje lunar, algo impresionó y nunca más se ha podido reconstruir.
Y cuando nos va quedando sola la memoria quizás para poder agarrarnos de algo…
Memoria y violencia ha sido como el gran móvil para mí de los textos. Incluso en los cuentos de No aceptes caramelos de extraños y poder parecer textos más intimistas. Está muy cruzada la violencia social dentro de espacios íntimos y pienso que es una violencia tal vez de una sociedad más de los 90, siglo XXl, del 2000, pero que es una violencia que de algún modo puede estar en el sustrato de la dictadura, como que nos quedó en nuestra mente como psíquico. Es una violencia que ahora se desata dentro de las cuatro paredes y todos estos casos que estamos leyendo permanentemente, de la violencia feroz contra los niños, todos estos casos de abuso, de los femicidios, la violencia política se trasladó a espacios privados, esa esfera íntima.
De algún modo alteró el modo en cómo nos vinculamos, que es un modo autoritario, un modo cruel, jerárquico, de humillación y no de encuentro y colaboración. Son estos espacios más álgidos, pero me interesó reflexionar sobre eso. De hecho, las 11 historias tienen que ver con ciertos tabúes, con revertir la idea del abuso, es un juego literario para poner al lector en un lugar incómodo. En el último cuento quise pensar el tema de la eutanasia, que también puede ser violento, obligar a alguien que se someta a todo lo que la medicina dicta, si no está en su voluntad. El tema de la vida y la muerte creo que es un espacio complejo del libre albedrío.
Uno de los relatos de Destinos Errantes es cuando tú vas a Serbia a buscar los orígenes de tu familia y lo que te encuentras es que no hay nada y que está todo destruido y más allá de lo literario es una confrontación muy dolorosa y también un poco lo que hablábamos de Beckett, en el sentido de que uno se aferra lo que en la raíz no está.
Eso fue un viaje bien impresionante porque lo interesante es que los inmigrantes tienen mucho relato. Lo único que tienen los inmigrantes son relatos. Hoy en Chile le va a suceder lo mismo con la migración haitiana, colombiana, ecuatoriana, donde la gente viene aparte como una emergencia, se vienen con una maleta y sería todo. Ahí en adelante lo único que le puede transmitir a la nueva generación son relatos. Vamos a llenarnos de relatos. La gente, cuando se distancia, tiene una nostalgia permanente que solo puede revivir el lugar de origen a través de relatos, de memorias, recuerdos, alguna que otra fotografía. Crecí entre relatos de lugares muy distantes, muy remotos, que se transformaron en esta especie de tierras prometidas, idealizadas, porque se deja algo contra la voluntad y cuando me tocó y tuve la posibilidad de ir a Sarajevo, la ex Yugoslavia, actual Bosnia-Herzegovina, fue bien impresionante porque fue literalmente un viaje a las ruinas, como habla Benjamin. Las civilizaciones son solo ruina, me tocó, literalmente, enfrentarme a que todos los edificios que mi familia recordaba y que, de algún modo, te iban transmitiendo y describiendo, eran edificios llenos de agujeros, por los morteros, todas las calles destruidas, los edificios sin techo, el pasto había empezado a crecer dentro de las instalaciones. Habían lugares, que siguiendo una dirección, llegábamos con mucha dificultad y era un cementerio, que era como un lugar fuera de Sarajevo, era un cementerio lleno de tumbas y veías también el drama de la guerra de Los Balcanes porque había tumbas con la media luna musulmana, hubo bastante persecución a la población musulmana con la cruz, que es una cruz distinta de los cristianos ortodoxos, la cruz católica, quizás por ahí que una otra estrella de algún muerto judío. Veías como justamente la convivencia multicultural estaba entre medio de las tumbas."
seguir leyendo 

Fuente: LETELIER JORGE, CULTURIZARTE. Publicado el 27 diciembre, 2019. [online] extraído el 29-12-2019, disponible desde el sitio: https://culturizarte.cl/ciclomujerescreadoras-entrevista-a-la-escritora-andrea-jeftanovic-la-literatura-alberga-los-secretos-de-los-pueblos/

No hay comentarios:

Publicar un comentario