Clipping: Entrevista a Patricia Cerda


"El suicidio de Violeta Parra no solo tiene esa causa. Ella no se suicida solo por el desamor de Gilbert Favre, sino por una falta general de reconocimiento en su país." indica la escritora chilena radicada en Alemania, Pilar Cerda. En una intensa entrevista realizada por Alicia Louzao en ocultalit.com





La escritora chilena Patricia Cerda (Concepción, 1961) es doctora en Historia en la Universidad Libre de Berlín. Además de historiadora y ensayista, sus dos novelas, Mestiza interior y Violeta y Nicanor, son best-seller en Chile. La primera fue publicada por Ediciones B-Chile en 2016, ha llegado ya a la 5º edición y se planea llevarla a la gran pantalla. La segunda, Violeta y Nicanor, fue publicada en Santiago de Chile en 2018 por Planeta.
Patricia reside actualmente en Berlín y, desde allí, responde a mis preguntas sobre estas dos novelas que han alcanzado notoria fama. Mestiza interior explora la historia chilena desde el siglo XVII, la colonización española y el Siglo de Oro desde los ojos de su protagonista. Violeta y Nicanor se convierte en toda una referencia a la hora de aproximarnos al universo de los artistas hermanos Parra, compositora ella y antipoeta él. Cuando nos sumergimos en la historia de Violeta, la canción «Gracias a la vida» cobra otro sentido.
Me gustaría felicitarla por sus dos novelas. En Violeta y Nicanor observamos toda una pasarela de personajes: las sombras de Gabriel García Márquez o la generación beat como Allen Ginsberg conversando con los protagonistas. En Mestiza veo un auténtico canto a la historia de Chile que se complementa con las composiciones tanto de Marina como «quitapenas» como Violeta. ¿Son ambas un homenaje a Chile, su historia y su música?
Interesante apreciación. Son las reflexiones de una chilena que vive más de 30 años en Alemania. Una chilena que mira a su patria con cariño y nostalgia. Con el mismo cariño que sienten hacia Chile los personajes de mis novelas; ficticios, en el caso de Mestiza y reales en Violeta & Nicanor. Una chilena, por otro lado, que ve los tremendos déficites que tenemos en cuanto al reconocimiento de nuestras raíces mestizas y respecto al país democrático e igualitario que aspiramos ser.
Tras leer sus dos novelas, Mestiza Violeta & Nicanor, me ha llamado la atención que ambas comparten esta idea de metaliteratura que se desarrolla en las dos tramas. Por un lado, Marina lee continuamente clásicos españoles como Mateo Alemán o San Agustín. Por otro, en Violeta y Nicanor se intercalan pensamientos de Kant y diálogos sobre, por ejemplo, Un tranvía llamado deseo. ¿Ha querido reflejar aquí su pasión y respeto por la literatura de todos los tiempos con este hecho?
Leer y relacionar lo leído con su propia vida es el modo como los personajes de ambas novelas profundizan en las ideas de su tiempo. Animallén o Marina, la protagonista de Mestiza, comprende mejor su siglo XVII leyendo a Baltasar Gracián y siente deseos de escribir sus propias confesiones después de leer a San Agustín. Ellos le ayudan a armar su propia versión del  mundo, que a su vez ella comparte con sus lectores.
En Violeta & Nicanor hay un autor personaje que viaja de Berlín a Chile a reconstruir la historia de los dos hermanos. En su bagaje están sus lecturas de Kant, Schopenhauer y de otros autores que aparecen en la novela en diálogos y reflexiones. La respuesta a su pregunta es afirmativa. En ambos textos está muy presente la tradición filosófica y literaria occidental. Ambas novelas indagan lo que hay de esa tradición en nosotros y cuánto le debemos a ella.
Destaco la gran cantidad de referencias a la literatura española que se encuentran en ambas obras. Por ejemplo, Nicanor le recomienda a su hermana Violeta que lea Don Quijote y El Lazarillo, y en Mestiza interiorse debate sobre la obra de Lope o La CelestinaEl Guzmán y el Diablo cojuelo cuando están en Sevilla. Las bodas de sangre aparecen en los labios de uno de los amantes de Violeta. En España muchos de estos libros son lectura obligatoria en los institutos. ¿Se leen estos clásicos en Chile? ¿Por qué esta fascinación?
Claro que se leen. Lo cierto es que la literatura chilena nace en gran parte de esa tradición. Si bien en algún momento sigue sus propios rumbos y hace sus propios descubrimientos, la raíz está allí. En Mestiza la protagonista se siente española como su madre y mapuche como su padre y lamenta que lo mapuche sea vituperado y negado. Ella nunca confiesa que es mestiza más que a sus lectores, porque la sociedad la obliga a ser cuidadosa. La situación no había cambiado mucho cuando aparecen los hermanos Violeta y Nicanor Parra en el siglo XX. Uno de sus aportes fue, precisamente, rescatar la cultura popular chilena, hasta entonces vituperada, y elevarla a categoría universal. Pero esa cultura no está en el aire. Es una síntesis. Así como también lo es la cultura española y lo son todas las culturas del mundo.
En Violeta y Nicanor va hilvanando el desarrollo de la trama, de las biografías de los hermanos, con el origen de sus poemas y sus canciones. Por ejemplo, las canciones de Violeta: cuando se marcha Gilbert («Run, run, se fue pal Norte»), cuando conoce al cantante Pedro Messone («Volver a los 17»), los «Versos por la niña muerta» cuando muere su hija Rosita Clara. Con Nicanor sucede lo mismo, escribe “El túnel” tras su fracaso amoroso con Maruja, «La víbora» cuando aparece Stella o «Soliloquio del individuo» cuando conoce a Inga. Esto tuvo que suponer un auténtico trabajo de investigación.
Sí, pero lo pasé bien haciéndolo porque admiro mucho a estos personajes. Fue un gusto entender mejor los poemas de Parra a través del conocimiento del hombre. Porque su poesía es bastante autobiográfica. Por otra parte, él da muchas pautas en sus entrevistas. Las leí todas. Yo diría que detrás de la novela hay investigación e intuición de los personajes para armar el rompecabezas. Fue un trabajo gratificante y de mucho aprendizaje.
En Violeta y Nicanor la historia de los hermanos artistas se intercala con la narración de un personaje en primera persona que vive en pleno siglo XXI y que busca información sobre los hermanos Parra. Como en Mestiza arranca el prólogo comentando su labor investigadora en Sevilla, una duda me viene a la mente…¿es usted la narradora en primera persona que se deleita con empanadas de queso y consomé en el Dos a dos?
Digamos que ella es un otro yo. Nuestras biografías se parecen, pero no somos la misma persona. Esa autora personaje cumple una función y es dejar claro que está investigando sobre dos personas geniales e inabarcables. Ella es baja en vanidad. No trata de opacarlos apropiándose de ellos. Por otro lado, ella ve el tiempo en que a ellos les tocó vivir con distancia y entiende sus desafíos: Ser mujer irreverente en Chile en la primera mitad del siglo XX, en el caso de Violeta y ser un poeta independiente en un tiempo en que las ideologías lo dominaban todo, en el caso de Nicanor Parra.
Me ha llamado la atención la figura de los predicadores que pululan en las plazas chilenas, ¿es algo común de la ciudad?
Los predicadores ambulantes son muy comunes en el Paseo Ahumada, que es una arteria importante del centro de Santiago. Por otro lado, está el libro Sermones y Prédicas del Cristo del Elqui de Nicanor Parra, publicado en 1977, en plena  dictadura. Hay un guiño a esa etapa productiva de Parra en esos pasajes de la novela.
Con respecto a Marina hay algo que no me ha quedado claro. En la novela se diserta sobre la Real Cédula [un mandato impuesto desde la Corona española por el que se insta a los colonos españoles a tomar esclavos indígenas: la única condición es que los esclavos deben tener más de 10 años y las mujeres más de 9] y Marina tiene desencuentros con el cura Benancio, auténtico representante de la hipocresía en la Iglesia. Sin embargo, hace las paces con la religión en Concepción y llega a convertirse en novicia. ¿Por qué Marina no reflexiona acerca de la riqueza y opulencia que observa en las iglesias sevillanas?
Sí lo hace. Cuando ella llega a Sevilla y va a la catedral en busca del obispo para pasarle el documente que portaba para él, el altar dorado la deja estupefacta. Reflexiona que los cofres de plata y oro que venían con ella en el barco hicieron la travesía solo para adornar ese altar. Se arrodilla frente al Cristo crucificado y le pregunta si se acuerda de las manos que sacaron ese metal de la tierra. Pero en Sevilla ella ve algo más: el Imperio Español por dentro. Los rezagados que terminaron sus vidas en la Hermandad de la Santa Caridad le cuentan su vida. Ella se siente parte de ese mundo.
En Mestiza las mujeres se cambian de nombre dependiendo de la relación que tienen con los hombres de su vida. Marina Maldonado pasa a ser Buenaventura cuando huye de su amo. Angustias pasa a ser Felicinda. Y Marina era Animallén hasta conocer al que sería su dueño. ¿Son los hombres los que amoldan sus destinos?
Bueno, el primer cambio de nombre de Animallén se da por orden de su captor, el sargento mayor del fuerte de Arauco Álvaro Maldonado, poco después de violarla. Aquí solo aceptamos nombres cristianos, le dice y le da el nombre de Marina Maldonado. Más adelante, cuando ella huye del fuerte, se cambia el Maldonado por el Buenaventura. Nomen est omen, decían los romanos. Al inventarse ese nuevo apellido deja atrás su pasado como sirvienta en el fuerte y se apronta a vivir experiencias más gratificantes. Poco después se enamora y se casa con el encomendero Ferdinand Guzmán.
En el caso de Angustias, su amiga que la acoge en Santiago en otra etapa de su vida y con quien forma el grupo musical Las Quitapenas, Marina le propone que se cambie de nombre porque Angustias se ha transformado en una  cantora popular en Santiago, admirada por muchos. Le sugiere que se haga llamar Felicinda, pero esto más en broma que en serio.
La dependencia de los hombres llega a su culmen con Violeta y su suicidio. Decide matarse tras conocer la boda de su antiguo amante, Gilbert, con una mujer más joven. Violeta la vemos como una mujer fuerte, independiente, ha viajado sola a varios puntos del mundo, ¿cómo es posible llegar a este final?
El suicidio de Violeta Parra no solo tiene esa causa. Ella no se suicida solo por el desamor de Gilbert Favre, sino por una falta general de reconocimiento en su país. Hoy hay un consenso en Chile en que Violeta Parra no fue comprendida. Sus contemporáneos no se dieron cuenta de la calidad de lo que ella hacía. Aquí actuó claramente el axioma de Empédocles que dice: Solo lo semejante reconoce a lo semejante. Esa es una ley muy dura para el artista genial. Muchos han sufrido sus consecuencias. La falta de reconocimiento de su hermana inspiró muchos pensamientos a Nicanor Parra. Decía, por ejemplo, que la condición de una obra maestra era pasar desapercibida y que el problema de Violeta era que estaba rodeada de pigmeos. En 1958 publicó el poema Defensa de Violeta Parra. Lo incluyó en su libro La cueca larga.
Observo que quizá el amor en Mestiza aparece como una fuerza más optimista (la bella historia de Marina y Ferdinand) que en Violeta y Nicanor, donde se enumera una larga lista de amantes y de infidelidades por parte de los dos hermanos. ¿Es así?
La posibilidad del amor es uno de los temas que me ocupan como escritora. En el caso de la protagonista de Mestiza hay un período de su vida en que se enamora del encomendero Ferdinand Guzmán y es correspondida. Los dos se casan, pero el idilio dura hasta la muerte repentina de su marido. Ella nunca más se volverá a enamorar. A partir de entonces sus búsquedas serán otras. Para Marina el amor existe pero es de corta duración.
En la vida de los hermanos Parra también es así. Ellos se enamoran de sus parejas, pero la vida sigue y las trampas de la vida continúan. Ambos son personas de carácter fuerte y de emociones exageradas. Pascal decía que en un hombre (o mujer) grande, todo es grande. También o sobre todo, en el campo emocional. Todo eso fluyó en canciones y poemas por los que admiramos a Violeta y Nicanor Parra.
La música es parte importante de ambas novelas. Las composiciones de las Quitapenas de Mestiza y los cánticos de Violeta se interpolan a lo largo de ambos textos. Podemos decir que ambas novelas parecen estar escritas para ser leídas con esta música folclórica de fondo.
No es tan así. La música que tocaba Marina en la etapa en que formaba parte del grupo musical Las Quitapenas era la de los salones de su tiempo. Eso no era folclore. Y Violeta Parra va más allá de lo folclórico como compositora. Su tema Gracias a la vida es, quizás, la canción chilena más conocida en el mundo. Compuso además obras clásicas para guitarra. Hoy hay una conexión importante entre Violeta Parra y los músicos jóvenes chilenos. Está en el pop y en el jazz.
La novela Violeta y Nicanor me ha recordado un poco al realismo mágico. Una familia numerosa, las peleas entre ellos, la excentricidad de Violeta, siempre dispuesta a repartir guitarrazos… ¿Fue este gusto a realismo mágico algo realizado de manera consciente?
Lo de los guitarrazos es cierto. No hay exageración allí. Ella daba guitarrazos como último recurso. Lo cuenta Nicanor Parra en varias entrevistas. Rompió muchas guitarras por esta razón. Violeta se sentía un poco como pedagoga. Quería elevar el nivel moral de sus contemporáneos. Tenía un gran talento ético para dirimir entre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, teniendo siempre en cuenta lo que le hace bien, genéricamente hablando, al ser humano. Ella misma era una persona muy leal que salvó a todos los hombres de los que se enamoró. A su último amor, el suizo Gilbert Fravre, lo transformó de vago en músico de renombre internacional. No descarto que él también haya recibido algún guitarrazo.
Una conexión que observo en ambas novelas se debe a la cita de Píndaro que extraigo de Violeta y Nicanor: «Conviértete en quien eres» (171). Nicanor sigue esta máxima huyendo de casa y Violeta comienza a componer música a pesar de la prohibición de su madre y, posteriormente, a pintar. Marina miente sobre su identidad cuando llega a La Chimba y de panadera pasa a ser guitarrista. Todos estos personajes viajan a otros puntos del mundo y están unidos por una fuerza que les empuja a ir contracorriente. ¿Son enemigos de la época y circunstancias en las que viven?
Es muy cierta esta observación. Los personajes de ambas novelas tienen en común la intuición de sus potenciales y talentos y el deseo de desarrollarlos. Por otra parte, están conscientes de que la sociedad no les va a abrir las puertas de par en par y así como así. El camino no será fácil. Nicanor Parra lo sintió por partida doble. Vio que tenía que abrirse paso él y al mismo tiempo ayudar a su hermana, porque ella, como mujer, lo tenía doblemente difícil. Sin Nicanor no hay Violeta, dijo ella en varias ocasiones. Eso es lo que hace tan sublime esta hermandad entrañable. Apoyándose ellos salieron de la pobreza provinciana y llegaron a tener el reconocimiento internacional del que gozan hoy. Yo saco mis propias conclusiones de esto. Me devuelve la confianza en el ser humano. La sociedad crea barreras, envidias, es regadero de hipocresía, pero cuando el ser humano viene armado por dentro, lo logra, vale decir, es capaz de convertirse en quien es. Aunque para Violeta Parra el reconocimiento recién está llegando, se puede decir que lo logró.
Envidioso, caprichoso, con un punto infantil (se recluye en su cuarto al escuchar cantar a Violeta en público)…la figura de Pablo Neruda no sale muy bien parada en su libro.
Yo soy una activista de la sinceridad y digo las cosas como las veo. Pablo Neruda fue un personaje complicado. En el ambiente intelectual chileno de su tiempo era bastante dictatorial. El poeta Pablo de Rokha fue expulsado del Partido Comunista a instancias suyas. Mi interpretación es que actuaba así porque se sentía incondicionalmente respaldado por sus amigos soviéticos. Su Canto general, escrito en la clandestinidad, es de todo el gusto de ellos. Y Supieron retruibuirlo a la altura de las circunstancias pagando elevados derechos de autor para la traducción de la obra al ruso. No sé si Neruda es buen o mal poeta. Para mí su poesía está demasiado contaminada de sus cálculos políticos. Para Nicanor Parra ser contemporáneo de Neruda significó mantenerse a la sombra de él, aún sabiendo que la voz poética original era la suya y no la de Neruda. Las nuevas generaciones se acercaban a él. Y hay que tener en cuenta que eso Neruda también lo sabía. Parra tuvo que ser muy cauteloso.
Debo confesar que no sabía que «Gracias a la vida» fue compuesta por Violeta Parra y, más precisamente, escrita cuando Gilbert rechaza volver con ella a Chile. Una amiga mía que vivió en Chile un año me comentó que Violeta era toda una institución. Aquí, en cambio, suena más el nombre de Nicanor Parra. Supongo que en Chile ambos son igualmente famosos y figuras populares de la cultura.
Así es. Son dos íconos de la cultura chilena. Los jóvenes los siguen. Violeta es vista como una feminista de la primera generación muy adelantada a su tiempo. Ellos fueron nuestro siglo XX. Cuando las luchas ideológicas hayan pasado completamente al olvido, van a quedar las canciones de Violeta Parra y los poemas de Nicanor. Violeta Parra es querida en todo el continente y Nicanor Parra es respetado como el innovador de la poesía en castellano. Neruda se acaba en Neruda, pero Parra sigue vigente. Para algunos, demasiado vigente. En Chile es como una roca inamovible que los poetas que han venido después han tratado de mover sin mucho éxito. Sigue siendo mejor escribir con Parra que en contra de Parra. El mejor ejemplo es Claudio Bertoni, el poeta chileno vivo que más leo. Él es claramente un discípulo de Nicanor Parra con una voz propia y fuerte. Se merece ser más conocido.
Con su novela Violeta y Nicanor, además, observo todo un desarrollo filosófico cuando incluye citas de Confucio, Blake, Kant y las propias reflexiones de Nicanor. Parece un libro para la vida, para manejarse en el timón del barco de cada lector. Al menos, en mi caso, no dejé de tomar notas de frases.
Es que los dos personajes tenían ese talento ético que mencioné. La ética es un talento que se da poco y otorga a quien lo posee la calidad de maestro. Uno de los componentes del talento ético es la capacidad de ver al ser humano en estado de pureza, vale decir, no contaminado de las verdades de su tiempo. Violeta y Nicanor tenían ese ojo y esa empatía. Este talento derivó en ellos en una gran libertad interior. La acción coercitiva de la sociedad no funcionó con ellos. Por eso a sus contemporáneos les chocaban tanto las libertades que se tomaba Violeta Parra al elegir a sus parejas, por ejemplo, todos vagos buenos mozos a los que ella salvaba. Eso era socialmente muy subversivo, pero para ella era natural.
Marina conoce en Sevilla el Siglo de Oro español, época de desengaño (incluso convive con Miguel Mañara, autor del Discurso de la verdad). Ese mismo desengaño se refleja en Violeta y Nicanor, en pleno siglo XXI como extraigo de la voz de la narradora: «el desengaño está a la orden del día, el futuro es nuestra salvación» (104). Violeta, por ejemplo, acepta adelantarse a la muerte. ¿Somos en la actualidad los hijos del Barroco?
Ha habido alternativamente períodos optimistas y períodos pesimistas en la historia de la humanidad. El Barroco tiende claramente al pesimismo. Yo, en cambio, soy una persona optimista. A la humanidad siempre le están naciendo esos maestros visionarios que cambian el rumbo de las cosas. Si todavía seguimos aquí, es gracias a ellos.

Fuente de entrevista: https://www.ocultalit.com/entrevistas/patricia-cerda-entrevista-mestiza-interior-violeta-nicanor-parra/?utm_source=ReviveOldPost&utm_medium=social&utm_campaign=ReviveOldPost