El coraje de decir: Arena en la garganta

Patricia Pinto analiza la obra de Consuelo Rivera desde los aconteceres del género y su margen como sólo ella nos lo puede entregar, y no abandona el contexto del asesinato a Daniel Zamudio ni los despertares sociales federalistas de Aysén.



El coraje de decir: 
Arena en la garganta 
Consuelo Rivera Fuentes (1) 

A la memoria de Daniel Zamudio 

Por Patricia Pinto Villarroel




En nuestra sociedad chilena, caracterizada en buena medida por su pudibundez, su opción por las perífrasis, su afán por tender espesos paños sobre tantas realidades escamoteadas, el efecto del poemario de Consuelo es el que causaría un sol de verano alumbrando en plena medianoche de junio. El decir en Arena en la garganta estremece por la franqueza con que aborda temas tan candentes como los horrores de la dictadura de Pinochet (tortura, violación, exilio, hambre, miedo, asesinatos), el amor lésbico, la discriminación, la dificultad para asumirse como distinta: “El sentido/Se termina/ (La prohibición arde en el aire)/…Tu quejido de placer/ Crece/ Todo mi cuerpo palpita/ Y cuando creo haber tocado el cielo/ Con mis dedos/ El clic de la cordura/ Pone fin a nuestro sueño” (pp.55-6). 

En este Chile de comienzos de otoño del 2012, inmersa en el contexto de las brutales represiones contra l@s habitantes de Aysén (2); de las horas de tortura inflingidas a Daniel Zamudio por su asumida condición homosexual( 3), del fallo de la Comisión interamericana de derechos humanos contra el Estado de Chile por despojar a la jueza Karen Atala del derecho a la tuición de sus hijas por ser lesbiana, lo que, además, según la Corte, no se condice con la dignidad de su investidura; la poesía de Consuelo Rivera destella con su profunda y dolorosa vigencia. También destella por su porfía en defender el amor, la solidaridad, la memoria, la palabra y la esperanza: “Pero en lo más alto de la barca diaria/ Se alza la esperanza del nuevo amanecer.” (“Contradicción”, pp.91-92). Así, entre luces y sombras, se constituye la amalgama del existir poetizado. 

El libro se abre con la portada. Lo primero que vemos es la foto en blanco y negro de una estatuilla de Jossie Alexander ubicada en el centro. Representa a una mujer con rasgos un tanto asiáticos, desnuda, excepto por la cinta que adorna el cabello. Los grandes ojos, casi una línea que deja entrever las pupilas, están semicerrados. Los brazos se cruzan sosteniendo los amplios pechos y destacando el volumen del bajo vientre. Las piernas están cortadas casi al inicio de los muslos, entre los cuales el pubis, más oscuro, atrae la atención. 

De la estatuilla emana fuerza y misterio. La mirada de los ojos entrecerrados y la posición de los brazos parecen demarcar un radio de distancia y celar la intimidad. La mujer, en su total desnudez, guarda zonas ocultas. Se muestra y se vela. Su cuerpo es poderoso, pleno y maduro. Su rostro no tiene edad. 

Su presencia en la portada sugiere múltiples lecturas. Destaco su carácter de diosa de umbral que guarda y a la vez representa el mundo al que entraremos: intenso, femenino, peligroso, desnudo, cifrado. La guardiana también invita, seduce, atrae. (4). Acepto la triple invitación, --la de la diosa, la de Consuelo Rivera Fuentes, la de María Teresa Torres, la prologuista,--y me aventuro sin corazas en el ámbito que ofrece Arena en la garganta. 


Otro eslabón en la memoria feminista chilena 

Una voz de mujer hablando de mujer debe atravesar el olimpo minado de los discursos patriarcales. Nos cuesta hacernos oír y por siglos nos ha costado también decirnos. Nuestra historia de género está rebosante de silencios: secretos silenciados, deseos silenciados, temores silenciados, placeres silenciados, pensamientos silenciados, rebeldías silenciadas… Proporcionalmente, hemos sido habladas mucho más de lo que nos hemos hablado. “ La historia de las mujeres es invisible…” afirma Julieta Kirkwood (5) . Y por eso una de las grandes tareas del feminismo( 6) es la de recuperar y contribuir a la memoria genérica. En Chile existe un trabajo importante de recuperación de los discursos de nuestras ancestras y también vamos construyendo un cuerpo testimonial con nuestras propias voces. Así hacemos el camino al hablar, así vamos completando la historia. 

En esta cadena de voluntades y acciones se inscribe el poemario de Consuelo Rivera. Memoria histórica, memoria personal. Rescate de la existencia mujeril, de los Amores mujeriles, --como nombra a una sección de su libro--, de las hondas amistades entre congéneres. 

El primer poema da nombre al texto. Con “Arena en la garganta” se inicia la sección Homenajes. Es la madre muerta a raíz de un “cáncer de mamas/ Para mamá” la que arranca el grito de dolor e impotencia de la hija testigo del espanto:" Queman a mi madre/ Cual Juana de Arco/ Lucha aún/ Después de dos años/ De tortura/Química, biológica…/Como una pared de algodón/ La arena en mi garganta/ Se derrama/ Por mi cuerpo/ Me ahogo/ Grito seco…”(20) Ambas mujeres sufren atroz invasión. La arena y la tortura química - biológica dislocan rutinas y existencias. El dolor físico, emocional y síquico hace presa de las dos y a la postre las separa. La madre muere, la hija la invoca: “Desde donde/ Duermes/ Dame lluvia/ Diluye diez mil veces/ La arena en mi garganta/ Disuelve/ Estos gritos secos/ Quema/ Mi arena, mamá/ Mi pena /De/ ARENA.”(p.20) Es la palabra poética la que logra sobrevivir, la que permite fijar lo acontecido. Que no se vaya, que no se pierda, parece ser el anhelo que palpita y sostiene al verbo permitiéndole cumplir su doble función de expresar la pena y de salvar de la muerte-olvido-invisibilidad a la madre vencida. El "grito seco" ha sido capaz de eternizar. 

Por momentos la voz se pierde, se ahoga, pero se recupera. En “El anhelo” se plasma este movimiento pendular: " No vi tu cara, madre, pero sentí tu presencia y las voces milenarias. No vi tu rostro, madre, pero saqué mi voz y la pinté en mi mandala…”(25) 

Múltiples inflexiones, múltiples cuerdas las de esta voz cuya poseedora se reconoce integrante de “ las otras”, las rebeldes. Este es el punto de enunciación que jamás se abandona. El poema “Somos las otras” es una asunción pública de tal identidad. Una que se define a contrapelo, que orgullosa rescata y le da una vuelta de ciento ochenta grados a los temas que la cultura patriarcal sataniza. El primer verso “Somos hechiceras…” marca el tono, mientras que los últimos refuerzan la subversión y el triunfo: “Somos arañas amarillas/ acariciando el conocimiento/ ¡Ese que nubla, llueve y atormenta a la/ Inquisición!”(p. 39) Lluvia que apaga las hogueras de muerte, conocimiento mujeril rescatado con caricias. 

El rescate de personas queridas pertenecientes todas al ámbito de la rebeldía es un rasgo relevante de la colección Homenajes. Inmediatamente después de la figura de la madre aparece la de Arinda Ojeda Araneda, a la cual se dedican dos poemas que llevan su nombre como título. Arinda, la compañera que estuvo presa y fue torturada”…ocho años/ Cuatro meses/ Cinco días”.( p.27), la “ amiga del alma, la poeta de la sonrisa dulce y el alma alada…”(p.35) . Consuelo sabe que hay dolores que no se borran, también sabe que las personas tienden a olvidar, a no tener presente lo que perturba, "¿Sabrá nadie todo lo que diste/ En ocho años/ Cuatro meses/ Cinco días?" (p.28). Entonces, es preciso mantener despierta la memoria: “Pero nadie sabe/ Que tu boca duele/ Que tus encías/ Duelen/ Que tus dientes, tu espalda y tus huesos/ Duelen / Las manos, los pies, los puños/ Las patadas, la electricidad/ De los ‘padres de la patria’/ De nuestra tierra tricolor/ Se quedaron estampadas/ Para siempre en tu cuerpo/ En nuestros cuerpos…”( p.37). 

Exactísima la percepción de María Teresa Torres: “ Si se me permite la intención de buscar la metáfora global, diría que estos versos vienen y desembocan en el cuerpo. Será el cuerpo el espacio de la ignominia, pero también esa piel recibe el beso, el placer del descubrimiento de amores iguales.” ( 7) 

Instalar el cuerpo en el centro de todo -la estatuilla de la portada ya anuncia tal intención-, es en sí, un acto subversivo dentro de una cultura como la nuestra en la que el espíritu, el alma, lo sutil e impalpable son los que reciben las valencias positivas, egregias, sublimes. El cuerpo, “el hermano asno” de Eduardo Barrios, es relegado al patio trasero. “La carne es débil”, “el pecado de la carne”, “la cárcel del cuerpo” y tantas otras expresiones ratifican el desprecio, el minusvaler que le asignamos a nuestra “envoltura mortal”. Al menos en el discurso público. Vaya una a saber la relación que cada persona mantiene con el suyo y el de l@s demás en los ámbitos privados y secretos.(8) 

El cuerpo en la poesía de Consuelo es plurivalente, pero nunca despreciable. Sebastián Acevedo, el que se inmoló por fuego en la plaza de Concepción en un desesperado intento por salvar a sus hijos prisioneros de la CNI, es un ejemplo límite de la relación de un ser humano con su cuerpo, única y última herramienta de amor que le deja una dictadura implacable. “Sebastián, angustiado por la suerte de tus hijos;/ Presentimiento fatal recorre tu cuerpo fuerte…/ Sebastián, impregnado de parafina/ Y bencina…/ Sebastián envuelto en llamas/ Pira humana corriendo por Caupolicán…/ Sebastián, ruina asediada, postrada/ En la plaza horrorizada;/ Mechón de pelo carbonizado,/ Piel arrugada y encogida…/ Sebastián, vestido de espuma blanca extintora./ Parpadeo sin pestañas,/ Conversación sin saliva,/ Cuerpo sin sudor/…Sebastián, corazón abrasado, recocido/ Dando las últimas campanadas/ Con cadencia de paz eterna./…Caracol subiendo estrellas/ Albañil levantando las luces de la verdad./ Lumbre de increíble amor,/ Brillando para siempre/ 

En las mentes de las gentes. / Sebastián, fuego de obrero./ Ave Fénix de este Chile despedazado.” (pp.33-34) 

Tres mujeres más reciben el homenaje de Consuelo: Ivette Malverde: “La dulzura es la misma/ Bajo la boina de lana…” a quien visita “ Después de cinco años…”. Las hermanan el cariño, los ideales mantenidos contra todo, la paradoja de nuestra grandeza unida a la fragilidad: “ Hablamos de quimioterapias/ Y operaciones…/ Entonces Ivette/ Me dice que le exige/ Al cirujano/ Ese que corta senos/ Que le deje el ombligo/ Porque es la diferencia/ Entre una mujer de plástico/ Y una de verdad” (pp.43-44). Marta Zabaleta, la criolla que le muestra “…la relevancia/ De las palabras/ Si se unen a las tuyas/ Y las de mis hermanas”(p.42). Gloria Garrido, la Gló, “ Que habla inglés/ Piensa en castellano/ Y dice garabatos en chileno.”(p.46) que llega desde Chile a Inglaterra y “De golpe y porrazo” le instala en la piel “Esta hambruna/ De saber qué es de mi país/.(pp.46-47). Amigas, hermanas, maestras, brujas, pensadoras, rebeldes, hermosas mujeres que, como la poeta que escribe, forman parte de las otras. 

La colección se cierra con el poema “¿Gusanos o mariposas?” En él, como ya lo anticipa el título, convergen dos realidades antagónicas: el horror de las prisiones de la dictadura “ El calor agobiante de los cuerpos unidos/ Por el sudor de la misma hambre/ Y la misma humillación,/ Hace palpitar sienes, Pechos./ Y los gritos de libertad se quiebran/ Con el repiqueteo de las armas mortales/ Caen como pájaros indefensos/ Cortados brutalmente en su vuelo…” y el prodigio de la metamorfosis: “ La boca maloliente, recibe a dos, tres/ Cientos de gusanos pequeños, / Con carcajadas siniestras./ Pero los primeros que se tragó/ Han tejido sus hilos de seda, firmes,/ Maravillosos/ Se han convertido en colosales mariposas…”(50-51). La asombrosa capacidad humana para procesar el dolor y hacer de él un medio de superación; esa capacidad de hacer brotar la flor en el lodazal, la pureza en el vertedero de basura; es la que se plasma en el poema. Me-nos hicieron tragar gusanos, pero en nuestro interior los convertimos en mariposas. Somos mariposas aladas. Es el triunfo que celebra Consuelo. Ella y su escritura son testimonio vivo del horror de los gusanos y de la perseverancia para vivir como mariposa. 


El prodigio del amor 

Hito fundamental en lo que podríamos denominar segunda vida de Consuelo es el amor encontrado y compartido. Ese amor que “…tiene nombre/ de Mujer”(73) la redime de “ seis siglos de actuación”(p. 57), acalla las voces que prohiben, llena de gozo el cuerpo llagado por violaciones y torturas, acaba con la clausura del ensimismamiento, restaura la energía vital y la devuelve a lo perdido: ..." Olvidé el tabú/ El dolor/ Mi sexo chamuscado./ El éxtaxis/ De un orgasmo tantas veces soñado/ Me hace volar/ Con alas invisibles/ A mis hermanos, a mi hijo/ A mi pueblo. /Inyectaste poderío a mi fuerza decadente/ Empiezo a vivir.”(58) Otra vez son posibles la lucha y la solidaridad, el retorno al país que se había convertido en un infierno: …” Volveré a mi país…./ Continuaré mi lucha/ Junto a las desaparecidas/ Las encarceladas/ Las torturadas…/ Porque mi alma que era sólo mía,/ Ahora, y gracias a tu ternura de mujer…/ Es de todos nuevamente.”(p.59) 

El sentimiento de liberación es fundamental en estos Amores mujeriles. Títulos como “La liberación de Eva”, “Liberación”, “Ninfas liberadas”, así lo atestiguan. “Definitivamente los pájaros vuelan conmigo/ Y se apoderan del cielo galopando las nubes/ De la libertad. (p.77) se lee en el poema “Vida” que termina con esta afirmación rotunda: “Definitivamente, la amo.”(p.78). Han caído las máscaras, arrancadas por las amantes en el momento del éxtasis. Unidas en la verdad, en la semejanza de los cuerpos, en la ternura, en el placer, se reconocen, se liberan, se aman, alcanzan la dicha y la plenitud. 

“Defendamos nuestro amor/ Con dientes de sirenas/ Dedos de corales/ Senos de amazonas/ Y conjuro de brujas benditas.”(“ De los diez el quinto.”(p.68) Esta es la invitación que se extiende a la amada, la de los ojos verdes, junto a la cual se ha re-encontrado la Vida. 

Terminada esta propuesta de lectura, Daniel Zamudio ha muerto. Resuena en mí la pregunta espantada de Consuelo desde Inglaterra: “¿Por qué”? Tal vez porque tuvo el coraje de vivir siendo fiel a su diferencia. 

A quienes se creen poseedores de LA VERDAD y del derecho a decidir sobre la vida y la muerte de otr@s, invito a que lean ARENA EN LA GARGANTA. 

Peralillo, Valle de Elqui. Abril 2012   

Serie: Poesía
Título: Arena en la garganta. 
Autora: Rivera Fuentes, Consuelo.
Editorial: Ediciones Escaparate
Año: 2011
País: Chile
Pp.: 118





Notas:

1. Rivera Fuentes, Consuelo. Arena en la garganta. Ediciones Escaparate. Colección Poesía, enero 2011, 118 pp. 

2. El llamado conflicto de Aysén, en la Patagonia chilena, surgió en febrero de este año cuando l@s pescadores artesanales de la zona tomaron el aeródromo de Melinka en protesta por un proyecto de ley de pesca que beneficiaría a los grandes industriales del rubro. En el mismo mes se extendió originando el “Movimiento Social por Aysén” que inspiró 11 demandas presentadas al gobierno de Sebastián Piñera. La ciudadanía de la zona se movilizó tomándose calles, caminos y puentes. La represión policial fue brutal e indiscriminada. Entre los seriamente heridos están Teófilo Haro y Claudio Gallardo, ambos con lesiones de balines en el rostro, esquirlas alojadas en el cerebro y pérdida de visión. 

3. Los hechores son cuatro jóvenes neo-nazis que perpetran el horror sobre otro joven que ha tenido la valentía de asumirse como homosexual. Lo encuentran solo en un parque de Santiago y lo torturan usando una crueldad que, al decir del abogado defensor de la familia Zamudio, nunca antes había visto en toda su carrera. Daniel agonizó por 20 días. Mientras trabajaba en este texto, el 27 de marzo a las 19:45, falleció. Fue asesinado.) 

4. Imagino que habrá quienes sientan tal rechazo que decidan no penetrar ese mundo suyo. 

5.Este concepto, central en el pensamiento de Julieta Kirkwood, lo desarrolla en sus libros: Ser política en Chile: las feministas y los partidos, Santiago, FLACSO, 1982; Tejiendo Rebeldías, Santiago, Centro de Estudios de la Mujer y Casa de la Mujer La Morada, 1987, y Feminarios, Santiago, Ediciones Documentas, 1987. 

6. En este punto no son relevantes las diferencias existentes entre diversas posturas feministas. 

7. “La poesía de Consuelo a escala de Mercalli” p.15 

8. Hay una aparente contradicción en lo que digo si pensamos en la exacerbada exposición del cuerpo en muchos programas de la televisión, en diarios, en revistas. Si atendemos a las cada vez más frecuentes cirugías plásticas para mejorar nuestro aspecto, si paramos mientes en los múltiples comerciales que ofrecen una enorme cantidad de productos para mantenerse joven, delgada, de dientes blanquísimos, cabellos brillantes y fuertes, vestimenta irresistible, desodorantes que causan enamoramiento inmediato, etc., etc. La contradicción me parece sólo aparente ya que en los ámbitos citados el cuerpo se cosifica, se convierte en fetiche, en objeto de permanente insatisfacción y, por ende, sujeto a deseables mejoras sin fin. 

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