Crítica a Vuelvo de Siberia ésta tarde de Cecilia Palma

Claudia Molina nos hace entrega del análisis borgiano respecto a la última entrega literaria de Cecilia Palma.





"Vuelvo de Siberia ésta tarde": 
Un tránsito por los cuatro temas de Borges


Por Claudia Molina

Cecilia Palma (1962) es una reconocida poeta chilena, pertenece a la llamada generación NN o de los “sobrevivientes”; es decir, la de aquellos escritores que comenzaron su actividad literaria en los ochenta o inicios de los noventa, en el periodo final de la dictadura militar chilena y el advenimiento de la democracia.

Su último poemario Vuelvo de Siberia esta tarde es un testimonio de las múltiples experiencias que, unido a sus obras anteriores (A pesar del azul, Asirme a tus hombros, Piano Bar) pueden leerse como un gran texto envuelto en una gran profundidad  estética, conceptual, a veces, críptica y, otras veces, compleja (como la vida misma), lo que muestra que la labor  poética  para Cecilia Palma se basa en recoger las experiencias propias y ajenas, reelaborándolas y devolviéndolas como experiencias nuevas que, paradójicamente, son también cotidianas de un mundo que no sólo rodea a Cecilia, sino que también nos envuelve a nosotros.

Al leer  Vuelvo de Siberia…,  es imposible no pensar en Jorge Luis Borges y los cuatro grandes temas presentes en la literatura: el viaje, la búsqueda, el regreso y el sacrificio.  Temas que  en sus páginas se funden de manera casi natural, para entregarnos un texto integro que asume en términos de  otro argentino, Julio Cortázar, la necesidad de un lector cómplice que realiza su lectura como un constante desafío a la comprensión.  De esta manera nos hacemos cómplices de Cecilia, descifrando el uso de las múltiples intertextualidades presentes en los poema; que van desde la Biblia y su referencia al soplo mágico que da vida: y como si no dudara la noche, dejar caer/el abismo de las sombras/el hechicero lanza su soplo/ de oscuridad (16)”; pasando, también por el  acento trágico que recuerda en  las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, la fragilidad de la vida que no es más que un paso para  la inexorable llegada de la silenciosa muerte: ¿A qué se viene sino a / confirmar que/ la existencia es/ un duelo/entre la vida y la/ muerte/ con un solo vencedor?”. (25)

Volviendo al texto, éste se divide en dos partes: “Vuelvo de  Siberia esta tarde” y “El Beso de Judas”.  En la primera parte, los poemas están cargados de un sentido simbólico que nos devuelve a la idea del viaje y el retorno de un lugar  lejano y frío, retorno a espacios diferentes, “bulliciosos”, el hablante vuelve a la ciudad: Vuelvo de Siberia esta/ tarde/llego al centro de la ciudad/y su bullicio/ el perro como siempre/ en la esquina de casa/ sueña su sueño de perro” (13).  Y es en este retorno, que la poeta advierte que muchas cosas se mantienen igual, que no ha habido cambios profundos, ya que la soledad está aún presente en la ciudad: “sigue acuñando / juicios y en las paredes / continúan multiplicándose / sombras de guiñoles huérfanos” (13).  

Sin embargo, a la idea de viaje y retorno, se le agrega el tercer tema: el inicio de  una búsqueda trascendental para todo poeta  y, quizás para todo ser humano, esto es: la búsqueda del sentido de la existencia que está perdido o difuso (como un espectro) en el bullicio de la ciudad o en el sin sentido mismo de la existencia: La conciencia es un espectro/que rinde culto/ la expectación del encuentro/ invade el ejercicio y/ su condena/ la obsesiva visión de un/ poeta extraviado/de un símbolo que pierde/ sensatez/e involuntario/ atraviesa el puente con/ luz roja”. (14)

Esta búsqueda constante del sentido perdido lleva al hablante a una situación límite, que es sentirse indefenso, desprotegido y huérfano con deseos huir de este mundo: “nos quedamos quietos/ colgando/ péndulos indefensos/sujetos a la orden de/ los vientos/ con irrefrenables deseos de saltar/y escabullirnos/ desaparecernos asidos/ a la espuma/ o al hilo de un/ volantín extraviado” (18).  De este modo, en el texto se plantea la soledad como una dimensión profundamente existencial que deja al hablante indefenso y huérfano, pero que es necesaria, como lo plantea Maurice Blanchot para quien la necesidad de la soledad no es el aislamiento complaciente del individualismo, dado que el  que escribe se aparta  de los otros y es apartado  por el resto, en algunos casos, sin darse cuenta; no obstante, este no es el caso de Cecilia Palma,  sus textos asumen esta soledad e indefensión, este proceso de viajar,  buscar y regresar como algo natural y profundamente humano, pero al mismo tiempo artístico, dotándolo de un simbolismo y un lenguaje que como dice Blanchot es parte del arte.

En cuanto a los poemas que componen la segunda parte del libro, “El beso de Judas”, éstos continúan trabajando con el lenguaje y el pensamiento, pero sin cultismos, en una sucesión contenida que profundiza, con la misma intensidad anterior, en la trama existencial, donde el cuarto tema propuesto por Borges, el sacrificio, aparece desde el inicio con el título: “El beso de Judas”; aquí se conjuga la traición del que besa y que logra mediante ese beso, desencadenar los pasos que llevan al sacrificio de una deidad, es por esto que los poemas de esta parte del texto aparecen profundamente ligados a la dimensión vida y muerte como una paradoja constante a la que todo ser humano se ve enfrentado, quizá de manera inconsciente: “El puente conoce/a la maldita que sabrá de/tus huesos/el derrotero atrapa/ la frágil conciencia/ del inmolado” (44).

Ahora cabría preguntar: ¿Quién es el que se sacrifica en el texto de Cecilia? ¿Quién representa esa imagen mesiánica?  El mismo texto nos entregará la respuesta que ha venido vislumbrándose de la parte anterior, quien se sacrifica es el poeta, en la medida que es él quien se enfrenta al sacrificio, es el que se ha entregado a este destino cargado de la soledad de la mencionamos anteriormente con Blanchot: “Puede ser que el viento/abrace la balada de un/ joven poeta enamorado/ pero nadie le ha dicho que/aunque sonría/ la soledad es una receta consabida.”  (49).  Sólo la soledad, en la que el poeta se sumerge y  se hunde, es la única receta y camino que lleva, inexorablemente al sacrificio que no es cuestionado, sino más bien, asumido.

Esta dimensión del  sacrificio implica  la muerte, pero no remite  a una muerte inerte, es decir, es una muerte que no termina ahí, sino que conlleva un viaje hacia el inframundo o mundo de los muertos, lo que nuevamente nos trae a una intertextualidad, ahora con La Odisea: “mudo el viaje a las entrañas/ de una historia que vegeta en/ el inframundo/ después/mucho después/ que tus pasos sean/un recuerdo minimalista/ o la tela inconclusa de un artista/ que delira.  (45)

Finalmente, el texto termina dejándonos con cierta tristeza, e incluso con un cierta desazón, dado que es probable que este sacrificio sea en vano, esto es, no sea valorado y los versos del poeta se perderán….: “y no habrá quien repita los/versos de un poeta/asesinado/ ni las oraciones serán escuchadas/ por ese ángel que un día le/juró custodia.” (46).

Así, es probable pensar a priori que este transitar por los cuatro temas de Borges terminará dejando sumidos en un profundo desdén; sin embargo, a posteriori nos remitimos a la frase de Jesús en la cruz: “perdónalos, porque no saben lo que hacen” esta frase no dicha por Cecilia, pero intuida por sus lectores cómplices, nos permite sentirnos privilegiados de  leerla y comprenderla en su mensaje lleno de simbolismos, que nos devuelve a la creencia de que aún es posible descubrir un mensaje tan trascendental en la sencillez de las palabras y la poesía.

Serie: Poesía
Título: Vuelvo de Siberia esta tarde
Autora: Cecilia Palma
Editorial: Ediciones el Juglar
Año: 2011
País: EE.UU. (Maryland)
Pp.: 67


Fuente Imagen: http://3.bp.blogspot.com/-p4ors0ugFnI/TuGOK0UpVlI/AAAAAAAAErA/B_tKZUGPlaw/s1600/FOTO-PORTADA-SIBERIA-PALMA2011.jpg