Texto rescatado: Crítica a Florencia Edwards y La Faunita 2010


Editorial La Faunita, Colección 2010

Resistiéndose a la categoría “autor/a publicado/a” un grupo de escritores emergentes crean La Faunita...



Editorial La Faunita, Colección 2010

Por Claudia Kennedy

La Faunita nace como acción literaria el 21 Septiembre del 2009, con la publicación de una muestra poética de sus integrantes; pero será luego del ensayo Pandillas 2473 que se conformará como micro-editorial dialogando, desde su origen, con la precariedad latinoamericana.

Desde allí, los primeros integrantes de La Faunita, desdibujan categorías y reinventan otras (desmarcan la creación literaria de publicados para utilizar y re-virginizar la categoría de casi-libros; reconociendo así una labor inacabada, que considera al libro como un soporte, pero también como un límite temporal). Dicha reflexión presupone un aparente gesto de humildad ante la labor escritural, acción muchas veces abandonada por los escritores y escritoras. Veamos.



Historias de terror para niños (Florencia Edwards, Junio 2010).

Configurado como un conjunto de sucesos hilados bajo la especulación de un femicidio, se plantean relaciones binarias (lo masculino-alemán y su relación con lo femenino-neutro).

En ocasiones el fantasma de Lewis Carroll se apodera de las imágenes. En el primer cuento “Hitler in love”, encontramos cierta reflexión en torno a un personaje supra-histórico, donde el nombre propio actúa como opacidad y limitante de lectura.

 “Hitler in love” compone su unidad más allá del cuento, situándolo en lo hipertextual, en el ámbito de la experimentación, dejando que sus personajes se configuren siempre bajo un línea, con la posibilidad inminente de cambiar la historia. Pero a raíz del nombre, en unos, o de los sucesos históricos, en otros, las limitantes externas justifican la suerte de sus personajes. Así, las historias y relaciones masculino-femeninos tanto de Adolf y Geli; Dr Jürguen y Anabel; Daniel y la Srta. Johnson no hacen más que hermanarse en este casilibro, que encuentra un punto de unión en cierta suavidad tétrica, ricamente enunciada desde el comienzo. Ésta enunciación se inicia con el título de la unidad –situándolo como una advertencia al lector- y continúa con el ritmo interno de las historias; sonidos fraguados, espesos, que fluyen con variantes rítmicas, como en el ejercicio de la prosa poética, de ahí su referencia hipertextual.

Encontramos aquí, sin duda, potencia escritural y un manejo cuidadoso del lenguaje. Ello también supone un riesgo de la autora, por el trastabilleo y la obviedad comparativa de sus textos. Sin embargo, se agradece la muestra, sobretodo, y considerando, el panorama joven y precario de la narrativa local, amparado ¿estratégicamente? bajo los cánones del macho violador. Edwards apuesta por la simpleza escritural de avanzada y la posición frontal y explícita del femicidio como si este fuese un nuevo objeto de terror. Asunto que también podríamos poner en cuestión.

Animales Flotantes (Ignacio Elizalde, Julio 2009)

 
Esta publicación, reitera como en otros de los textos que he conocido de él, un afán por la experimentación cuidadosa; siempre atento a la mirada crítica, continuamente pendiente a su estética. En donde un alter (¿ego?) de explicación surrealista, funciona como engranaje hacia el desarme de la unidad surrealista; colocando, de ésta manera, la mirada fija en el envoltorio, en el hacer mismo de esta escuela. Ésta cuenta nos aproxima a la acción perenne del estudio escritural.



“[…]Paris niño robot mandrágora/y yo le respondo que en los desiertos ópticos/camadas de hombres nos ladran con una sola ala/(y con perfecta vista)/ofrecen bandejas de pájaros muertos a nuestros pies/y yo bebo de esos pájaros muertos/antes que yazgan en el cielo[…]”(p20)



“[…]Y dense cuenta, nos han mentido:/“Id a Paris porque allí los cisnes dicen/un lenguaje poderoso.”/Pero todos los cisnes van al cielo/son como tullidos, medios robots/y se comen a sus mamas/con roce/rozamiento/y frote[…]” (p53)

No está Animales Flotantes escrita con fuerza lineal, sino más bien con desajustes que se traducen, formalmente, en el corte de versos desfavorables o en expresiones a-sintónicas. Sin embargo persiste una fórmula difusa y por ello interesante, una pasión por encontrar puntos de quiebre: “[…] para intentar morir/besando los cartílagos de esa mejilla[…]”. ¿Acaso no es el arte la ruptura de las formas, el cúmulo de sensaciones? Pues bien, el autor no teme deambular desajustadamente en sus textos para encontrar en otros la ruptura, traducida ya sea de una manera formal como en “Geometría de la Voz” o constitutivamente como en “Hiperplasía,”; en donde expone poemas de abrazo crónico entre el surrealismo y el realismo.  La mixtura crónica de ambas escuelas, forma parte del pilar fundamental del trabajo entregado por Elizalde: “Uno solo o varios ojos?[…]” resulta ser la síntesis cabal de lo que el autor nos ha presentado como sus Animales Flotantes.
Galería de los Mártires Empalados (Enero 2010)

De autoría colectiva, Galería se presenta como un conjunto de textos en verso, que se mueven entre los cantos antiguos, las reivindicaciones, el uso de la  palabra Selknam y lo íntimo.

 En su mayoría son textos de gran riqueza literaria por su experimentación, diversidad de hablantes y riesgo político. Se puede alcanzar una muestra -para sintetizar la presente antología y colectivo- que nos de luces respecto a los autores que integran esta antología: Camilo Herrera, Agustín Hidalgo, Andrés González, Ignacio Elizalde, Felipe Becerra, Florencia Edwards, Maori Pérez y Nicolás Vergara:

“Fiesta,
y las heridas blancas en el cielo como relatos ancestrales
unos muertos nos despertaron con un beso en la mejilla
e iniciamos un viaje tambaleante hacia París (…)”
(Ignacio Elizalde)

“En el que refulgiera el códice de nuestra raza no mochica, pero mocha trunca
Empobrecida y por lo tanto más feliz que el laberinto que se abría por delante
De nuestras pupilas (…)”
(Felipe Becerra)

Pandillas 2473 (Felipe Becerra Calderón, Enero 2010)

Esta publicación nos presenta aparentes crónicas que escapan de sus referentes contemporáneos más cercanos, donde la estructura permite la narración de acontecimientos distintos a través de un diálogo fornido. Narración otra que en un mismo ambiente y/o acontecimientos solo quedan unidos por ese no-lugar.  

“Recuerda: un friso/que expresa (que no cárcel, que no cancela).” Esto último permite discernir que el hablante llega (o llegará) a un punto de resolución del conflicto literario –que se presenta como la falta de un punto de llegada a la idea escritura y en ocasiones la intromisión de un hablante limitado- esta resolución la realizaría a través de un motor de tracción, dicho motor le permitirá ingresar flujos en sus narraciones y la sucesiva  explosión de sus ambientes.


A Becerra le apetecen más los textos en verso y nos ha planteado sonoramente y tonalmente “que no cárcel, que no canela” por ello persiste en el correr y saltar de las imágenes. Los textos aquí presentados actúan sin duda, como pandilla; sus tramas, sus herramientas se persiguen y roban tradición, absolutamente dúctiles para con su habla:

“[…]Tosco y mórbido folklore y torres hórridas, secuaz el musical arcabucero machacando lo sereno del discurso: ouija, de cristal cayendo en  temblor de mustios anaqueles, ya presagia en su caída un porvenir semejante a los espejos empañados: con la yema un surco se traza que divide y que chorrea hacia uno y otro lado del reflejo, hacia uno y otro lado de la floja mentirosa simetría/ hosca morbosa gema que pretende calcos entre origen y un supuesto husmeo del futuro: trucos […]” (p.25)

 Una tonalidad de ambientes se desdibujan y tras ello retornan al espacio otro, indescifrado aún pero intuido fácilmente como barroco. Este es el punto de inflexión de nuestra lectura. Ahora, el autor es un agente que se sabe encadenado a la forma, se considera resistente a la permanencia confrontacional del lenguaje aludiendo a espacios tradicionales pero persiguiendo la tachadura. Un programa teórico muy en boga (y por tanto, muy conocido) en los estudios literarios franceses. El texto y su experimentación son ahora puestos en sospecha, pues nos terminarán entregando versos e ilaciones que nos obligarán a leer bajo una performatividad forzada y con ello a remitirnos a un programa academicista que, pronto se descifrará con su publicación “La Bioteca...”.

Parto (Agustín Hidalgo, Marzo 2010)


Esta publicación es el modelo de la saturación de ritmos ágrafos y de masculinidad mal entendida:

“Las piernas se abrieron el mar/ y la sangre chorreaba como el pueblo judío en caravana/ su vulva desnuda en el vacío…”

Se presenta como uno de los puntos bajos de la colección. Siendo una experimentación fragmentada, sus paráfrasis birlan a lo estético su mal gusto:

“la madre la hija la espíritu santo/la niña la pinta la satán maría (…) como pensando en indígenas/en quistes (o quispes)”,

“Esperaron/a que se abrieran/ las grandes Alamedas/ esperaron tanto/ que las Alamedas se partieron en dos/ y escaparon de debajo de la cama (…)”.

 Parto más que una obra literaria se comprende como el gesto político de Hidalgo ante los sujetos mutilados por y en su condición (mujeres, indígenas, detenidos desaparecidos, judíos, pobres y sumemos). Pero las y los escribe ajeno, les escribe brusco, poco reflexivo, cínico e inconexo, agrediendo no sólo a sus lectores sino que –y por sobretodo- a sus lectoras. El gesto político, en este sentido, no debiera consistir sólo en hacer circular sus versos (o ideografías), sino que también exponerlos y responsabilizarse por ellos. Allí radica entonces mi gesto político: en cobrarle la palabra. La mujer mutilada, golpeada, dispuesta “naturalmente” para el sexo y la violencia por ser una bataclana, una hija que sólo existe porque su hombre (su padre, su hermano, Hidalgo) la nombra, la viola, la arrastra por la historia y la miseria, son ideas cristalizadas en su poema “Los antepasados se escapan del cuerpo”, donde señala: “La hija intuye/ que todos sus movimientos son un verso”. La niña intuye, la mujer es golpeada y menoscabada, la mujer es objeto por que ella sólo intuye, pero es incapaz de verso, de escritura. Pasemos al siguiente.


La Bioteca seguido de África Celeste (Felipe Becerra Calderón, Junio de 2010)

En “La Bioteca seguido de África Celeste” hay personajes que realizan descripciones y concurren monótonos al diálogo en que Becerra se dinamiza. Una conversación hipertextual y metafísica, un arte poético relevante solo para la literatura pequeña, aunque su esquema gráfico tradicional y cuidadoso, sumado a la advertencia contextual: El texto de La Bioteca fue leído íntegramente el día viernes 4 de julio de 2008 en la Sala Ercilla de la Biblioteca Nacional, en la quinta jornada del ciclo de lecturas Autores de nochese pueda prestar a desgano.



Sí existen apreciaciones de valor estéticas supuestas, este texto presentará una dualidad contextual, donde el lugar del texto poseerá negaciones (o una doble negación), ello a través de la sobre-enunciación y exposición de dichos topos, como lo hiciese en otro tiempo Maffud Massis.



Nos entrega, además un espacio para el diálogo de los personajes, un texto visualmente entrometido pero totalmente justificado, que actúa como motor atrayente de los discursos o exposiciones de heteronomías agónicas. Sin lugar a dudas, éste enclave nos entrega, a los escritores, cierto frescor literario.



Fermat: Sueños de linfocitos y mitocondrias voladoras/ Cyborg: Sueños de toros mecánicos hablando en español/ Dildo: Sueños de niños andróginos con órganos de tigre” […] “Hace algunas horas publiqué mi Tratado de las correspondencias fisiológicas. En él propongo que los mapas que aparecen sobre el cuero cabelludo no sólo describen el interior de nuestro cuerpo, sino además el espacio exterior a nuestra Bioteca. La población dejó entonces de respetar mi trabajo. (p 19)



Dicha atracción genera espesor y rito para la conjugación de problemáticas del siglo XIX en Latinoamérica, pero estas son visualizadas a través de hálitos futuristas y/o europeizantes. El nepantla configurado por años en la literatura mexica es ahora, bajo la mano de Becerra, posible de ejecución contemporánea pero, con la falencia de un carácter geográfico que nos entregue posibilidades distintas de acción y de lectura.



La seducción del slang “Dildo, Cyborg, órganos”, no es una nueva modulación del género o del género literario, pues opera bajo la seducción de la loca, la misma que pone de relieve la imposibilidad del Cyborg y del Dildo por desearse falogocéntricamente como toro mecánico. Lo que hace Becerra en parte de su trabajo es una paráfrasis de la formalidad mecánica de su escritura. Su valor radicará en la utilización de este motor que va al rescate de dicha forma (independiente del slang y el pie forzado). Podemos considerar al texto como un buen ejercicio escritural.



Gritos sólo gritos (Andrés González, Julio 2010)


Es un conjunto de textos amparados bajo la idea de la oda o un canto a Bolivia, un texto absolutamente masculinizado y deseoso de un sabor íntimo que le entrega al hablante una escritura cliché.


“Quisiera que, a un tañido de tu horror, Bolivia, mi espíritu se transformase en una nube besada por una estrella maligna, un templo penetrado por fieras extintas, el cuerpo de un niño trizado por la fiebre, una tiara tremenda emergiendo de la tormenta, una tiara que abarcase la invisibilidad del mundo. Quiero, Bolivia, un beso desolador, desollador. Un beso tuyo”.



Cronoguerrillas (Maori Pérez, Julio 2010)


Es un conjunto de poemas experimentales, disparejos con respecto a la unidad, hipertextuales y ambiguos en su concordancia formal.

Los textos rescatan temáticas para jóvenes escritores y plantean nuevas posibilidades de escritura planteadas bajo tres capítulos (“Ceuta”, “Cronoguerrillas” y “El estudiante japonés”).

En Ceuta encontramos un juego de ficción mediante un personaje indígena. Claramente no se trabaja sobre el indigenismo mas, lo que aquí subyace se acerca a una escritura reflexiva sobre la relación indígena-modernidad. Propuestas similares tenemos a borbotones, desde América y Europa: Scott, Blaeser, Lazarazo y últimamente Mendía; ésta última es la única poeta que interpela el paisaje asfaltado desde un hablante no ficticio en tanto poético, es honesta. Maori Pérez, en tanto, lo realiza desde un hablante indígena ficticio y narrativizante:



Por qué hay semáforos?,/ Pregunta el bebe Mahäqui/ a su madre/ de quien no sabe/ que es adoptiva./ Ella le dice que son/ carreteras de la información/…” que a ratos adquiere elementos mesiánicos desgajados: “Ha de intrigarle cuál es su primera misión/ No sabía que tendría tan rápido una misión/ Nos han dicho que andaba buscando el Tiburón de Juego…/ ¿…Se equivocó nuestro informante?”. Lo discordante en la obra de Maori Pérez es el modo en nos lanza hacia su narratividad: la traviste a modo de verso libre, con lo que la experimentación no pareciera del todo favorable para la sonoridad de sus textos, pero sí, pareciera estar a tono con cierta habla oral, al menos de una oralidad imaginable. Por otro lado, los elementos morales no están acorde al formato entregado.



En Cronoguerrillas es indudablemente –como capitulo homónimo- una crónica literaria, formateada hacia el verso, en donde nuevamente es desfavorable el sonido intra-textual; es también un gran guiño a la obra de Pedro Lemebel, pero esta vez desde una lectura analítica a la obra del autor. En esta segunda micro-unidad es rica, en cuanto su hablante no coincide con (un bio)hombre o (una bio) mujer, sino que el narrador sobrepasa el genero, sobrepasa a la loca travestida, para enunciarse al borde de lo queer; estrategia que –a pesar de estar citada- no ha logrado Lemebel.



Pablo Rumel me dice/ que ha perdido a su amor y que el mundo/se acabará pronto./ Los barcos triturados y el miedo de los pasajeros,/ el cruce sin salida hacia el infierno. Qué calor hace, dice Rumel. Estamos acercándonos/ en cada gesto antes del/ último show en/ Televisión./ Me lo imaginé estando vivo: Somos visitantes./ Un recuerdo de este mundo:/ Yo estaba en una gasolinera,/ con el codo apoyado en una máquina expendedora y Talita/ me estaba contando de una mina/ en el sur,/ una mina dentro de o junto a un bosque./ Allí / hay dos hombres calvos, hombres muy altos y gordos…”.


Así, de El estudiante japonés podemos decir, que es un poema hipertextualizado, experimental y cargado de voces escriturales trasandinas, que no encontrará un punto alto comparable con Cronoguerrillas, pero que, situándolo en un horizonte de sentido, posee un vínculo con la ficción histórica -correspondiente a la crítica de una época- donde la visión del hablante/personaje y sus particularidades psicosociales están ligadas al mestizaje, desde el cual se accedería a cierta escritura de lo multicultural.

LOS SALDOS


 Ante la pregunta inicial sobre la humildad como gesto literario (o de pedagogía literaria) podemos reconocer que no es del todo acabado, pues el gesto de humildad mayor hubiese sido el no publicar textos faltos de revisión y corrección estética. Por su puesto, no se puede medir todo con la misma regla. Mas, el problema de la colección 2010 de La Faunita es igual a su defensa, en la medida en que los textos presentados nos interrogan respecto a su funcionalidad.

En definitiva, La Faunita comienza como un proyecto colectivo, luego como una micro-editorial de plaquets que luego adquiere mejoras importantes. Pero debe distinguirse que su propuesta es identificable con el uso de una pedagogía literaria compleja y arriesgada. Es así como nos muestran los pasos más personales de los escritores, sus experimentaciones literarias, sus caídas y avances, no es casual que muchos de ellos tengan las mismas intensiones estéticas, falacias y tecno-machismos sofisticados. Aquí tienen permiso todos, incluso para publicar. Y eso, a pesar de molestar a ciertos lectores, es un espacio nuevo dentro de nuestro panorama local. Un espacio desfachatado que recurre a lo intercultural, a través de la defensa de ciertas marginalidades no-academicistas –o intentando despegarse de ellas- que, en su exhibición, se terminarán traduciendo como centralidad o bien como suplemento de la tradición y sus publicación en papel bond.



Sobre el texto:
Publicado por primera vez en INDIE.CL
Publicación de fragmento en blog de la autora en Enero de 2011
Publicado por OECH en Julio de 2012
Fuente imagenes: lafaunita.blogspot.com